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martes, 26 de enero de 2016

"Bécquer contra Alborán", comienza la batalla

Es increíble cómo se repiten las historias y los sentimientos a lo largo de la historia. Y la mejor forma de comprobarlo es con las canciones. 

Al estudiar el Romanticismo español enfrentamos a Bécquer con otro rival romántico de ahora, Pablo Alborán. Los alumnos eran los coach y los clásicos, los participantes. Sólo había que pulsar un botón...

RIMA LXI – G. A. Bécquer  

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?


Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?


Cuando la muerte vidrie
de mis ojos el cristal,
mis parpados aun abiertos,
¿quién los cerrará?


Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
¿quién murmurará?


Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?


¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?




Quizás lo que más me gustó de los alumnos de 4º ESO fue cuando se pusieron a cantar con Alborán. Creo que ahí comprobé que habían entendido a Bécquer. 


miércoles, 4 de noviembre de 2015

Alcanzar un estrella


Aunque no quiero caer en tópicos no he podido evitar oír la voz del mismísimo Alonso Quijano cuando oía a Max Estrella. La misma ilusión, el mismo amor, la misma bohemia con la que hablaba Don Quijote por tierras castellanas, hablaba hoy sobre las tablas del Teatro Olympia el mejor poeta de España, Mala Estrella.

Cuando el Ministro le explicaba a Don Dieguito que Max era un hombre del mundo del ensueño, capaz de arriesgar su vida antes que adoptar cualquier actitud institucionista, no he podido evitar pensar que Valle creó otro Quijote.

En el final de esta escena octava, a la que nunca daba más importancia, he comprendido lo que a estos escritores les preocupaba y ocupaba: la búsqueda de un mundo mejor.

Si Cervantes supo abrir los ojos y empujarnos del ideal renacentista a la realidad más cruda del Barroco, Valle lo hizo también y así, zarandeó a los españoles del XX para que espabilaran y abrieran su alma a nuevos pensamientos y nuevas estéticas.

Pero aún me sorprende más que a pesar de que el final de ambas obras es trágico, dos grandes intelectuales nos abrieron la puerta a un mundo justo, culto, renovado, crítico, vanguardista. Por eso, no podemos salir del teatro o acabar la lectura de estas obras con amargura, porque justo lo contrario es lo que nos pedían sus autores: “Espabilad, soñad”.

He dicho que no quiero caer en tópicos, pero  es inevitable recordar en este punto también a Dante y Virgilio en su paseo por el Infierno. La Divina Comedia fue otra obra de transición, de reflexión, de cambio e innovación a principios del siglo XIV. Dios se humanizaba, el hombre se humanizaba y el mundo se humanizaba. Con esta nueva mentalidad Dante se paseó por las estancias de su alma. Bajó a lo más hondo y terrible, purgó sus culpas y renació en el paraíso a la ilusión del amor verdadero.

Tres clásicos, tres épocas, tres transiciones que tienen en común el paseo por escenarios reales y fantásticos de dos personajes antónimos que se complementan y ayudan para poder comprender lo que ven y lo que sienten.

Con paso firme y decidido anduvieron Max Estrella y Don Quijote por España. Quizás aquellas tierras y aquellas calles pudieran ser las mismas que las nuestras. No les importó pisar el infierno como a Dante, si al morir su alma alcanzaba el paraíso, el sueño imposible, un mundo mejor.

He tenido la suerte de ver representada esta obra con los alumnos de 2º Bachiller y ha sido una buena oportunidad para pensar y reflexionar sobre la vida, cada uno sobre la suya. 

Al bajar el telón me han venido a la cabeza las notas de aquella canción de El Musical "El hombre de la Mancha":
"Seguir un ideal, soñar lo imposible, amar con pureza y bondad,  vencer al invicto rival, sufrir el dolor insufrible, morir por un noble ideal..."

Ahora sólo me quedaría decirles a mis alumnos: "Espabilad. Soñad. Alcanzad vuestra ESTRELLA."





martes, 27 de octubre de 2015

Luces y de Bohemia...

Nada mejor que subir al escenario para hablar de teatro. Por eso, los alumnos de 2º de bachiller y yo nos hemos subido al escenario, para pensar en el espacio, en los actores y sus voces, en los vestuarios, en las luces, en la música, en los telones, en las entradas y salidas,... Porque Luces de bohemia no es fácil de decorar, vestir, iluminar... 

Supongo que por eso no se representó hasta 50 años después de ser escrita, aunque quizás el más importante fuera la crítica y el reflejo tan crudo de la España de principios del siglo XX.

Me han sorprendido los comentarios de los alumnos sobre las necesidades técnicas e interpretativas de la representación en un escenario: Telones negros, austeridad, focos para crear luces y sombras, humo, música acorde a cada escena, vestuario esperpéntico,...

También hemos representado alguna de las escenas más difíciles, como es la escena 6ª. ¿Se puede empatizar con alguien que va a morir en unos minutos? ¿Cómo se puede conseguir brillar en un momento tan difícil?



Valle - Inclán lo consiguió con una obra vanguardista, poética, esperpéntica... donde supo conjugar las luces con las sombras y lo convencional con lo bohemio.

Gracias al siguiente vídeo sobre la famosa obra de Puccini, La Bohème, mis alumnos entendieron las dificultades, la complejidad y el valor artístico que hay detrás de la obra que estamos estudiando.


Resultado de imagen de la boheme
This is opera: La Bohème


domingo, 11 de octubre de 2015

Primero, el cuadro

“Para hablar de un cuadro hay que ver primero el cuadro”.

Cuando pensaba en esto me di cuenta que la primera clase de Literatura con mis alumnos no podía ser como otras veces. No podía empezar “soltándoles el rollo” del contexto histórico, las características de la época y el autor…

Tendría que empezar leyéndoles un texto de la época que íbamos a estudiar, pero sin decirles ni el título, ni el autor, ni la obra… Y así lo hice. Busqué un escenario acorde al texto que les iba a recitar. Nos fuimos allí y sólo les pedí que escuchasen.

Las siguientes preguntas fueron: ¿Qué te ha parecido? ¿Qué has sentido? ¿Qué crees que nos cuenta este autor? ¿Por qué? ¿Cómo lo contextualiza? ¿Qué rasgos te han llamado la atención? Entonces les dije que habían escuchado El monte de las ánimas, de Bécquer.

Algo tan sencillo como empezar al revés les “picó la curiosidad” y en la siguiente clase quisieron saber qué había pasado a principios del siglo XIX; por qué los escritores, los artistas y los intelectuales reaccionaron así ante el Absolutismo de la época anterior; por qué sus textos hablaban desde el “yo”, desde los sentimientos y no desde la razón; por qué el individuo se enfrentaba a la sociedad y se rebelaba contra ella en busca de lo lejano y lo menos convencional.

También fue curioso que en la segunda clase, cuando hacía lo mismo con La canción del pirata, de Espronceda, una alumna se puso a llorar. Esa canción le había recordado a su infancia, cuando su madre se la recitaba de pequeña. El caso es que ella no sabía de quién era y le emocionó descubrirlo.

Creo que no hay nada más hermoso que hacer vibrar a tus alumnos con algo que a ti también te emociona. 

lunes, 14 de septiembre de 2015

Respirar para comenzar

Nada mejor que la música para la primera clase. 
Hoy Bachiller ha analizado un texto precioso de Bebe.


Respirar para sentirse mejor.
Respirar para sentir que estamos vivos.